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Después de mucho tiempo me decido a continuar contando historias de mis experiencias reales con travestis, ésta fue la segunda, luego de la que ya conté y que supuso mi estreno.

Esta es la historia de Kiara, una travesti mulata que conocí trabajando ella en un piso. Como es habitual llamé y concerté la cita. Al llegar me encontré con una travesti de cerca de 1,80, delgada y bastante guapa, aunque sin pechos (decía que los tenía operados, pero ahora mi experiencia me dice que en realidad no tenía, que solo era relleno y por eso nunca se quitaba el corpiño que llevaba). Desde el primer momento el trato con ella resultó muy agradable y pronto me sentí en confianza. Recuerdo que me preguntó si era muy grande, en referencia al tamaño de mi instrumento, le contesté que no, normal le dije (15 cm en realidad, no sé como catalogarla, pero desde luego no es un pollón). Luego me preguntó que quería hacer, le dije que un poco de todo, pero que quería chupársela y que me follase. Sonrió y comenzó la fiesta. Cuando se bajó el tanguita rosa que llevaba apareció un pollón mulato que me dejó impresionado, viendo aquello supe que mi respuesta a su pregunta debió haber sido: la tengo pequeña, puesto que superaba con creces a la mía.

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Kiara se tumbó entonces sobre la cama boca arriba y me dijo que comenzase a chupársela, yo tomé aquella polla que aun estando morcillona tenía un tamaño considerable. Recuerdo el primer contacto con aquel grueso capullo, la extrema suavidad de su piel y su dulce y delicioso sabor. Era simplemente una polla maravillosa. Dada mi corta experiencia intentaba hacerlo lo mejor que podía, apretaba el glande con mis labios y succionaba, subía y bajaba atravesando el capullo en mi boca y tragaba apenas un tercio del instrumento. Cuando se fue poniendo más dura me pidió que la tragase hasta el fondo, yo intentaba hacerlo, pero me daban náuseas al notarla contra mi garganta, pero pronto noté como se le endurecía más cuando lo hacía, le gustaba presionar hasta el fondo, más tarde supe que esto le gusta a casi todas, igual que a mi también me gusta que me lo hagan. Me esforcé en la tarea y mamé aquel pollón lo mejor que pude, obteniendo gran satisfacción al escuchar sus suspiros de placer. Era una delicia, casi un privilegio diría, poder coger aquel miembro por la base y comprobar como todavía quedaba más que suficiente para llenarme la boca. Envidiaba a las tía que había visto en películas porno que eran capaces de tragársela entera, de hacer un garganta profunda. Pero yo no podía más que sentir su glande golpear una y otra vez el fondo de mi garganta, cada vez me molestaba menos y me gustaba más, notaba como producía saliva en grandes cantidades que resbalaba por todo su tallo, de vez en cuando me separaba para poder contemplarla en todo su esplendor, pasaba de los 20 cm, tal vez 22, brillante por mi baba e hinchada marcando sus venas, admirando su color perfecto, no se notaba transición entre el glande y el tallo, algo que siempre me ha parecido atractivo en una buena polla; consideraba su grosor y me estremecía pensando que pronto intentaría meterme todo aquello, y digo intentaría porque no estaba seguro de que fuese a ser capaz de soportar aquel pollón. Sin embargo notaba que no estaba al 100 % erecta, porque al soltarla caía pesadamente sobre su vientre, produciendo un sonido espectacular. Cuando esto pasaba yo buscaba el glande con la boca para volver a tragarlo y continuar con la mamada. No sé cuanto tiempo estuve chupándosela, sólo sé que al final me dolían un poco los labios, supongo que por la falta de costumbre. Pero si puedo decir que en todo momento fue una experiencia extremadamente agradable y placentera para mí, notaba mi pollita completamente dura y mi excitación era total.

Finalmente me pidió que me separase y que me colocase en cuatro. Así lo hice, presa de una gran excitación y algo temeroso por lo que vendría a continuación. Noté como me extendía lubricante en la entrada de mi ano, notar sus dedos sobre él me estremecía y me hacía gemir como una mujer, nunca pensé que mi garganta pudiese emitir esos sonidos tan afeminados, pero es lo que te pide el cuerpo en esa situación. Estaba tan ansioso que hasta temblaba. Sentí como se ponía el condón y pocos segundos después noté el enorme glande situado a la entrada, masajeó mi ano con él y a continuación empujó. No consiguió introducirlo, resbalaba hacia abajo o hacia arriba, su erección no era consistente. Me giré y vi su cara de frustración y mal humor. Entonces no sé como pude hacer aquello dada mi corta experiencia, pero me giré y le dije que estuviese tranquila, que sólo con mamársela disfrutaba muchísimo, intentando tranquilizarla y que la presión del momento no acabase definitivamente con su erección. Su respuesta fue:

-Está bien, pues vuelve a chupármela.

Así lo hice, aunque mamarla con condón no fuese lo mismo, me apliqué lo más que pude, ella de rodillas y yo con la cabeza entre sus piernas mamando aquella masa de carne y buscando endurecerla. No tuve que hacerlo mucho tiempo, cuando consideró que la tenía lo suficientemente dura, me giró rápidamente, no quería perder la consistencia de su erección, situó su glande en mi ojete y empujó. Esta vez si entró, grité y sufrí al sentir como me abría. Como pude, entre gemidos, le pedí disculpas por el grito.

-Grita cuanto quieras cariño, porque ahora te la voy a meter toda.

Así fue, empujó y debió entrar hasta la mitad, lo peor había pasado, que era el temible grosor de su glande, pero me dolía. Esperó unos segundos y comenzó a bombear. Yo empecé a gritar, a morder la almohada y gemir como las chicas que he visto en las películas folladas por pollones de semental, sentía como me caían las lágrimas, lloraba de puro dolor pero no deseaba que parase para nada, al contrario, quería seguir sintiéndola dentro de mi, notar como aquella anaconda se movía dentro, como me hacía suyo, como doblegaba al macho con aquella polla infernal, grande, larga y gorda que llegaba hasta donde nunca había llegado nadie, ni siquiera yo en mis masturbaciones con los objetos más variopintos. Como todos sabéis que ocurre, pronto el dolor fue desapareciendo y sólo quedó el placer y la sumisión total hacia una polla como aquella. Disfruté increíblemente con aquella penetración, pero aun no había llegado lo mejor.

Kiara me pidió entonces que me girara y me acostase boca arriba. Dispuso la almohada bajo mis caderas para levantarlas y separó mis piernas. Pude ver como su polla estaba ahora si al 100%, estirando el condón hasta casi reventarlo. De nuevo me penetró y el placer fue sublime, pensé volverme loco, levantaba mis caderas apoyándome en los pies y yo mismo colaboraba con el movimiento de penetración, consiguiendo así que este fuese más rápido. Pocas veces, con mi larga experiencia acumulada con el pasar de los años, he vuelto a sentir igual (por fortuna unas cuantas veces si), era un placer intenso que nacía en el anillo de mi ano y subía hasta la próstata, provocándome ahora una fuerte erección que había desaparecido en la penetración inicial. No puedo describir lo indescriptible, sólo los que hayáis probado una polla de ese calibre y condición, manejada con maestría, podréis entenderme: placer hasta la locura, hasta casi perder el sentido. Era maravilloso mirarla de vez en cuando y ver su media sonrisa al conseguir su objetivo de follarme de esa forma y de proporcionarme semejante cantidad de placer.

Al cabo de un largo rato se retiró, quitó el condón y me puso su pollón, que de nuevo no estaba completamente duro, en mi boca. Lo tragué con avidez, era mi forma de demostrar mi agradecimiento.

-Dame tu leche ahora cariño.

Mi respuesta fue masturbarme frenéticamente mientras ella a horcajadas sobre mi me follaba la boca. Cuando me corrí mis gritos se habrían escuchado en la Antártida de no ser porque su pollón me llegaba hasta la garganta. Fue un orgasmo sublime, grandes lecharazos cubrían mi pecho. Se separó de mi, dejándome completamente deshecho y plenamente satisfecho sobre la cama.

Charlamos un rato, descansando yo mi cabeza sobre su vientre para poder contemplar su pene ahora ya completamente fláccido y jugueteando con él, adorándolo por el placer que me había dado.

Me despedí expresando mi eterno agradecimiento, declarándome suyo y afirmando que había sido algo increíble, que nunca pensé sentir tanto placer, y con lágrimas en los ojos pues creo que sentía amor hacia aquel ser humano.

Volvería a estar con ella otra vez más.

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